Hatha Yoga

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Es un tipo de Yoga –el más difundido– cuya práctica incluye posturas (ásanas) y técnicas de respiración (pranayama).

Hatha en sánscrito ( el idioma del Yoga) significa forzado, lo que no le hace justicia a la práctica que nos transmitieron nuestros maestros de la Escuela Sadhana, donde durante cuatro años nos enseñaron un Yoga que respeta la realidad física de cada persona.

Hay una definición de Yoga que nos gusta y es la que distingue entre el concepto etimológico, Yoga como un estado de unión de cuerpo, mente y ¿espíritu?; y la que denomina toda la metodología de esta disciplina que pretende llegar a ese estado de unión.

Hay muchas más definiciones, pero rescato aquí unas palabras de un gran maestro como Carlos Fiel, fundador de la Escuela Internacional Sadhana:

Yoga es una práctica psicocorporal que busca el equilibrio y la relajación. Al Yoga le interesa la persona y su práctica va dirigida al bienestar de dicha persona, pero también a su liberación. Es un diálogo entre la estabilidad y el rigor postural por un lado, y el equilibrio y calma interna por el otro. Estabilidad aquí tal como la entiende Patanjali, no en el sentido de ajustar la postura, sino en el de iniciar lentamente un camino hacia el infinito, contando con la respiración como inseparable compañera que nos acerca al equilibrio. Las posturas favorecen la salud física y mental y necesitan de un uso consciente e inteligente de la respiración. La relación íntima con nuestra respiración es fundamental para sentir nuestro propio cuerpo. Hay muchos aspectos de la persona que la práctica de Yoga refuerza, pero hay dos cualidades invisibles que todo practicante puede conocer fácilmente, la atención y la calma mental. El Yoga descubre tu reactividad, tus tensiones, tus hábitos de comportamiento, tus bloqueos. Su práctica nos hace más conscientes, alejándonos de la dispersión.

Yoga Terapéutico

Es esa corriente que utiliza las herramientas del Yoga (ásanas, pranayama, mantras, visualizaciones…) para diseñar prácticas individualizadas de Yoga atendiendo a las necesidades específicas de las personas.

Es esta una corriente que deriva de uno de los más grandes e influyentes yoguis de la historia, Krishnamacharya. Su hijo Desikachar ha tomado como referencia la noción de Viniyoga de su padre y maestro en el sentido de aplicar a cada persona la práctica de ásana y pranayama adecuadas a sus consideraciones personales. A T. Krishnamacharya le debemos la famosa frase: 

No es la persona la que debe adaptarse al Yoga,
sino el Yoga el que se debe ajustar de forma correcta a la persona.

En el plano práctico, el Viniyoga consiste en respetar a la persona: edad, sexo, salud, constitución, residencia, hábitos de vida, recursos, debilidades, creencias… 

Es indudable que el principio del que partimos, el que utiliza el yoga clásico, es el de reforzar el poder innato de la persona a la autocuración, sin añadir nada, tratando de despejar los bloqueos que impiden que esa potente fuerza se active. 

En ese sentido, para el yoga clásico el ser humano está dividido en diferentes niveles, perfectamente interconectados, entre los que no hay separación: cuerpo, pensamientos, emociones y espíritu. 

Por tanto en estas sesiones individualizadas se trata de armonizar esos diferentes niveles con los incontables recursos del Yoga. No se trata, pues, de sanar ni curar a nadie, sino de potenciar las capacidades de cada ser humano de forma integral. La experiencia nos dice que la lectura  corporal de una persona nos habla de  sus actitudes, fortalezas y debilidades.